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jueves 29 de enero de 2009

TMR: TESTIMONIO


Publicado en Movimiento Rítmico y Reflejos Primitivos
Testimonio de una madre sobre su experiencia al aplicar la Terapia de Movimiento Rítmico (TMR) en su hijo adolescente.

"Tener un bebé es la mayor ilusión que pueda existir en la vida, sobre todo cuando es un hijo deseado. Pero esta ilusión puede enseguida dar paso al agotamiento y la desesperación cuando convives con el bebé y éste no para de llorar, apenas duerme y no te permite relajarte ni un sólo minuto del día.
Si con el paso del tiempo este bebé va creciendo para convertirse en un niño al que le cuesta controlar sus emociones, con arranques de agresividad, con una actitud desafiante y que no avanza en sus aprendizajes en el colegio, a la desesperación y el agotamiento van añadiéndose otras sensaciones como la soledad y la falta de comprensión y solidaridad de familiares, amigos y de los profesionales de la salud y la educación.
Esta es nuestra historia. Hasta que a los cuatro años y medio nuestro hijo fue derivado a psiquiatría infantil por la impotencia del pediatra ante la situación extrema que estábamos viviendo.
Fue por entonces como, casi de casualidad, conocimos a alguien que nos abrió las puertas al mundo de las terapias alternativas. Examinó a nuestro hijo por medio de juegos y nos explicó con claridad lo que le ocurría y cómo ayudarle. Fue una auténtica bendición y nos agarramos a cada una de sus palabras como a un clavo ardiendo...
A lo largo de nueve años seguimos varios métodos de organización neurofuncional. Todos ellos basados en ejercicios motores sencillos, combinados con estimulación táctil. Realizamos una terapia visual y una reeducación auditiva que dieron a nuestro hijo un gran empujón en su rendimiento escolar. Trabajamos también su lateralización.
Desde casi el primer momento notamos cambios. Esta persona que nos asesoró nos habló también de la importancia de trabajar la conducta del niño, para lo cual nos dio sencillas pautas. Que no por sencillas, fueron fáciles de aplicar, pero esto supuso tambien una gran ayuda.
A lo largo de los años fuimos conociendo nuevas terapias o técnicas de trabajo para solucionar o paliar las necesidades de nuestro hijo. Así logramos, a través del trabajo constante y diario, un cambio importante en su estado emocional y en el control del mismo, en su conducta y en su rendimiento escolar.
Este trabajo constante puede parecer muy sacrificado, pero no lo hemos vivido así, sino como un momento de dedicación exclusiva a nuestro hijo que hemos disfrutado y nos ha aportado sólo beneficios en todos los sentidos.
Llegamos a sentirnos muy satisfechos, contentos de verle llevar una vida feliz, con amigos y con una buena convivencia familiar. Para nosotros estos eran logros muy importantes.
Pero tenía 13 años, y aunque habíamos conseguido a base de mucho esfuerzo que fuese pasando de un curso a otro, su capacidad de atención no era aún la adecuada y seguía mostrando dificultades.
Le costaba mucho comprender conceptos matemáticos y aplicarlos a diferentes situaciones. Lo mismo le ocurría con el inglés por ejemplo, lo que aprendía un día no le servía para el siguiente ni para un ejercicio que cambiara de planteamiento. Le era difícil recordar, aplicar y generalizar lo que aprendía con esfuerzo. Olvidaba sus deberes o los días que tenía exámenes por lo que no los preparaba. No entregaba sus trabajos y cuando lo hacía no eran de la calidad esperada en cuanto a la presentación y al contenido. Sin embargo, siempre tuvo buena memoria para las asignaturas como las ciencias sociales o naturales, y demostraba claramente ser un chico inteligente y creativo.
Veíamos que seguía habiendo trabajo por hacer, teníamos que seguir intentándolo y apareció la TMR.
Hace de esto casi dos años y en aquel entonces yo no conocía apenas nada de esta terapia ni a nadie que la aplicara. Así que decidí acudir a los cursos para aprender a aplicarla yo misma en mi hijo.
En estos cursos, el doctor Harald Blomberg me impresionó y me convenció absolutamente de que la terapia de movimiento rítmico y reflejos primitivos podía ser la solución a los problemas que aún veíamos en nuestro hijo.
Me puse a trabajar con él casi de inmediato, pero no me atrevía a hacerme ilusiones, siempre me ha dado miedo ser ingenua, ver los resultados que tanto deseo ver, no ser objetiva...
A los cinco meses empezamos a notar cambios en su actitud en casa, parecía ser más limpio y cuidadoso, más paciente y razonable. Ya no rompía las cosas como antes, y parecía mucho más habilidoso con sus manos. Su profesora me decía que le veía adoptar una postura diferente en clase, no sólo en su actitud, sino incluso físicamente. Parecía estar menos aburrido y más a gusto en clase, y la miraba a la cara.
A los siete meses estos cambios se hicieron patentes, la profesora me comentaba que había empezado a participar en las actividades y a hacer preguntas cuando no entendía lo que se explicaba (algo que jamás había hecho antes).
A los diez meses, después de 20 minutos diarios de TMR, dejamos ya definitivamente el tratamiento pues nuestro hijo funcionaba de forma totalmente autónoma en clase y en casa con los deberes. Después de tener siete suspensos en la primera evaluación de 2º de ESO y matemáticas de 1º, aprobó todas las asignaturas en junio.
Ahora estudia todas las tardes y pide a su padre que le ayude con las matemáticas, a las cuales dedica un buen rato casi a diario. Vemos cómo comprende lo que se le explica, lo recuerda al día siguiente y es capaz de aplicarlo en diferentes ejercicios. Sigue teniendo muy buena memoria y está muy motivado a estudiar pues ahora se ve capaz. Ha cambiado el concepto que tiene de sí mismo e incluso ha cambiado en su forma de vestir y su actitud en muchos aspectos.
No creo que estos cambios sean fruto de la casualidad, o de la madurez que "ya le tocaba"... Esta es una edad en la que precisamente muchos de sus compañeros están suspendiendo por primera vez y teniendo problemas de comportamiento en casa o en el colegio. Se quejan otros padres de lo duro que es este curso, pero para nosotros está resultando el más fácil de todos."

4 comentarios:

Josefina dijo...

Estimada Rosina :
Riquisimo testimonio, a veces los padres esperan la madurez ante una actitud no esperada de sus hijos y sabes, que bendicion encontrar tu blog, salimos del error de esa falsa espera, para ponernos en accion.
Tu testimonio es de ayuda significativa para mi. tengo una hija de 15 años y presenta problema de deficit de atencion, y muchas veces hemos iniciado terapias con psiclologos, ultimamente no quiere ir, pero lo de la TMR es fantastico creo y estoy segura que le ayudara a ella y a mi pequeño Franco de 3 años.
Cariños.
Josefina

Rosina Uriarte dijo...

Hola Josefina,
éste es mi testimonio y así he vivido el problema en mi hijo. Los beneficios de la TMR siguen sorprendiéndome todos los días.
Te recomiendo que te informes y no dejes de probar. Verás que es algo sencillo, a los chicos les gusta y en unos meses empezarás a ver los beneficios.
Te aconsejo que acudas directamente a Eva Rodgríguez:
Eva Rodríguez:
cursos@reflejosprimitivos.es (exclusivamente para el tema de los cursos)
y
info@reflejosprimitivos.es
Su página:
www.reflejosprimitivos.es
Y su movil:
691477866
C/ Aquilino Domínguez, nº 10, Bajo C
Madrid
Metro: Estrecho, salida C/ Juan de Olías
Saludos y mucha suerte con tus hijos,
Rosina

Miriam dijo...

Muchisimas gracias por compartir tus experiencias es muy enriquecedor para mi ya que me ayuda con mi hijo que tiene problemas de integracion sensorial, en mi pais ( Peru- America del Sur), estos temas no son difundidos y agradezco a Dios haber encontrado tu blog, me esta guiando bastante, pero quisiera saber cual es la razon de los problemas de integracion sensorial.

Rosina Uriarte dijo...

Hola Miriam,
la causa de las disfunciones en la integración sensorial es siempre una: inmadurez del sistema nervioso. El cerebro no ha madurado adecuadamente y no funciona como sería de desear.
Es la misma causa de todos los trastornos infantiles y por este motivo las disfunciones de la integración sensorial nunca van solas. Se acompañan de déficit de atención, de hiperactividad, de problemas emocionales, de comportamiento... de una mala lateralización, de reflejos primitivos no integrados, de un sistema visual que no funciona aecuadamente o un sistema auditivo ineficaz...
Una disfunción en la integración sensorial nos está diciendo que el cerebro no percibe con claridad y una intensidad cómoda la información que le entra a través de los sentidos, no lo interpreta bien y por este motivo las respuestas del niño (cómo funciona, cómo se relaciona, cómo rinde en el colegio) son son las deseadas.
La causa primera, el por qué existe esta inmadurez del sistema nervioso, probablemente nunca la conozcamos. Suele haber una predisposición genética (muchas veces uno de los padres ha sufrido también disfunciones de la integración sensorial y otros problemas que la acompañan), algún problema en el embarazo, el parto o la más tierna infancia.
En Perú tenéis a Bibiana Pastor, experta en Integración Sensorial:
BIBIANA PASTOR (integración sensorial):

AV CAMINOS DEL INCA 1418 - SANTIAGO DE SURCO
TELEFONOS : 2754706 / 2754918
bibipast@bibianapastor.com
http://www.bibianapastor.com/
PERÚ

También tengo esta otra dirección:

Lic . Pedro Sánchez V.
Terapeuta Ocupacional (integración sensorial)
Instituto Médico de Lenguaje y Aprendizaje – IMLA
http://www.imlaperu.com
http://www.imlaperu.com/profesionales/integracion_sensorial.pdf

Saludos,
Rosina