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jueves 29 de enero de 2009

NEUROPSICOLOGÍA INFANTIL


Publicado en SAFORguia.com

La neuropsicología es una neurociencia conductual que se encarga de estudiar la relación del cerebro y la conducta, y las repercusiones del funcionamiento normal o patológico del sistema nervioso (SNC) sobre ella.

27/03/2008

Desde este enfoque de la psicología se evalúa y se estudia los procesos mentales normales para poder evaluar, estimular, rehabilitar, investigar, prevenir y compensar los efectos del daño o la disfunción cerebral.

Así pues, los neuropsicólogos actúan en muy diversos campos relacionados con el daño cerebral, siendo los más conocidos aquellos que trabajan con personas con daño cerebral sobrevenido por traumatismo cráneo-encefálico, accidentes cerebrovasculares, o los aquejados de demencias tipo Alzheimer, Parkinson, demencia fronto-temporal (o demencia de Pick), deterioro cognitivo leve...

Sin embargo la neuropsicología comprendió que el conocimiento del funcionamiento del sistema nervioso requiere el estudio exhaustivo y profundo del SNC en desarrollo, ya que toda malformación, daño, accidente, infección..., afectará a diferentes capacidades futuras: motoras, cognitivas, afectivas, lingüísticas, visuales...

Es así como surge la neuropsicología infantil, ciencia que se encarga del estudio de la conducta del niño a través de su cerebro, del estudio de las discapacidades cerebrales producidas por una agresión al sistema nervioso en edades tempranas. Para ello es imprescindible saber que el cerebro del niño no es una réplica del cerebro del adulto en miniatura, sino que es un cerebro en continuo desarrollo, con un crecimiento a veces vertiginoso, y sujeto a un sinfín de modificaciones y conexiones debidas a la continua estimulación que le proporciona el entorno en el que se desarrolla.

Los daños cerebrales infantiles pueden producirse en diferentes momentos, con lo que sus repercusiones también pueden ser muy diferentes: durante el embarazo, en el periodo perinatal, o en el transcurso de la infancia. Es por ello que la neuropsicología infantil debe tener un conocimiento muy amplio de las etapas por las que atraviesa el cerebro en desarrollo, estando en constante contacto con otras disciplinas médico-sanitarias imprescindibles para el correcto desenvolvimiento del niño con problemas en su medio ambiental, a saber: pediatras, neurólogos, fisioterapeutas, logopedas, pedagogos, psicólogos clínicos...

Los trastornos infantiles a los que la neuropsicología aplica sus conocimientos son, como hemos comentado más arriba, muy diversos, ya que el momento del daño cerebral mediatiza la sintomatología presentada por el niño. Así, los trastornos más frecuentes son:

- Malformaciones cerebrales por alteraciones en el desarrollo cerebral embrionario: por ejemplo, hidrocefalias.

- Trastornos con base neurológica con o sin daño cerebral constatable: dificultades neuropsicológicas del aprendizaje (dislexia, dislalia, disgrafía, trastornos del aprendizaje no verbal...), trastornos del lenguaje (disfasia), trastorno de atención con o sin hiperactividad, trastornos psicomotores, trastornos generalizados del aprendizaje, niños con bajo peso al nacer.

- Trastornos con base neurológica debidos a daño cerebral constatable: traumatismos cráneo-encefálicos, accidentes cerebro-vasculares de tipo anóxico-isquémico perinatales o adquiridos, epilepsias sintomáticas...

El neuropsicólogo infantil ha de conocer tanto el desarrollo normal como el patológico del SNC para poder actuar sobre las posibles alteraciones cognitivas debidas al daño cerebral. Así pues se ponen en marcha toda una serie de actividades destinadas a aumentar la estimulación y a tratar de compensar los déficit en áreas cognitivas en los niños con riesgo de un desarrollo atípico: memoria, lenguaje, psicomotricidad, atención, visuo-percepción, impulsividad, hiperactividad, razonamiento, lateralidad, motricidad fina y motricidad gruesa...

Los trastornos con los que más frecuentemente se encuentra un neuropsicólogo infantil en su clínica son los trastornos del aprendizaje, trastornos generalizados del desarrollo, trastornos de atención con o sin hiperactividad (TDAH), epilepsias...

La especialización del neuropsicólogo hace que conozca no sólo las características clínicas y las manifestaciones de los trastornos con los que trabaja a diario, sino también las áreas cerebrales implicadas y sus funciones específicas, así como la relación de las áreas cerebrales afectadas con el resto del encéfalo. Encéfalo que, hay que recordar siempre, está en constante desarrollo. Cuando un área cerebral está afectada por un daño importante, bien congénito bien adquirido, se ponen en marcha procesos de plasticidad neuronal que hay que aprovechar con conocimiento, ya que aunque ésta no desaparece con los años, al menos sí decrece y modifica sus características y beneficios. Quiere esto decir que no hay que dejar pasar el tiempo ya que el desarrollo cerebral es muchas veces sorprendente, y un niño con un trastorno en el SNC puede conseguir modificar las zonas cerebrales especializadas y llegar a adquirir habilidades que le creían inalcanzables.

Para ejemplificar esto, pensemos que el área especializada para el lenguaje expresivo se encuentra, en el 99% de los casos de personas diestras y más del 70% de personas zurdas, en el lóbulo frontal inferior izquierdo (zona llamada “área de Broca”). Si un niño sufre una malformación o un daño cerebral en este área mientras está desarrollando las capacidades expresivas del habla puede llegar a compensar y especializar al hemisferio derecho en la producción del habla. Esto es mucho más difícil en el caso de los adultos, ya que el daño adquirido en edades más avanzadas llega cuando el cerebro ya está especializado, y su recuperación puede llegar a ser imposible.

Lo más importante a tener en cuenta cuando se habla de la rehabilitación del daño o la disfunción cerebral en la infancia, es que el cerebro es un sistema en constante desarrollo y que puede llegar a presentar unas capacidades de adaptación espectaculares. Para ello, el papel del neuropsicólogo es fundamental, ya que sus conocimientos del desarrollo encefálico y de las manifestaciones del daño o la disfunción cerebral proporcionan a estos niños la oportunidad de beneficiarse de un programa de rehabilitación que puede conducir a la adquisición de habilidades cognitivas, manipulativas, lingüísticas, visuoespaciales..., que no llegaría a adquirir sin ayuda especializada.

Javier Oltra Cucarella

Psicólogo CV-09860

TMR: TESTIMONIO


Publicado en Movimiento Rítmico y Reflejos Primitivos
Testimonio de una madre sobre su experiencia al aplicar la Terapia de Movimiento Rítmico (TMR) en su hijo adolescente.

"Tener un bebé es la mayor ilusión que pueda existir en la vida, sobre todo cuando es un hijo deseado. Pero esta ilusión puede enseguida dar paso al agotamiento y la desesperación cuando convives con el bebé y éste no para de llorar, apenas duerme y no te permite relajarte ni un sólo minuto del día.
Si con el paso del tiempo este bebé va creciendo para convertirse en un niño al que le cuesta controlar sus emociones, con arranques de agresividad, con una actitud desafiante y que no avanza en sus aprendizajes en el colegio, a la desesperación y el agotamiento van añadiéndose otras sensaciones como la soledad y la falta de comprensión y solidaridad de familiares, amigos y de los profesionales de la salud y la educación.
Esta es nuestra historia. Hasta que a los cuatro años y medio nuestro hijo fue derivado a psiquiatría infantil por la impotencia del pediatra ante la situación extrema que estábamos viviendo.
Fue por entonces como, casi de casualidad, conocimos a alguien que nos abrió las puertas al mundo de las terapias alternativas. Examinó a nuestro hijo por medio de juegos y nos explicó con claridad lo que le ocurría y cómo ayudarle. Fue una auténtica bendición y nos agarramos a cada una de sus palabras como a un clavo ardiendo...
A lo largo de nueve años seguimos varios métodos de organización neurofuncional. Todos ellos basados en ejercicios motores sencillos, combinados con estimulación táctil. Realizamos una terapia visual y una reeducación auditiva que dieron a nuestro hijo un gran empujón en su rendimiento escolar. Trabajamos también su lateralización.
Desde casi el primer momento notamos cambios. Esta persona que nos asesoró nos habló también de la importancia de trabajar la conducta del niño, para lo cual nos dio sencillas pautas. Que no por sencillas, fueron fáciles de aplicar, pero esto supuso tambien una gran ayuda.
A lo largo de los años fuimos conociendo nuevas terapias o técnicas de trabajo para solucionar o paliar las necesidades de nuestro hijo. Así logramos, a través del trabajo constante y diario, un cambio importante en su estado emocional y en el control del mismo, en su conducta y en su rendimiento escolar.
Este trabajo constante puede parecer muy sacrificado, pero no lo hemos vivido así, sino como un momento de dedicación exclusiva a nuestro hijo que hemos disfrutado y nos ha aportado sólo beneficios en todos los sentidos.
Llegamos a sentirnos muy satisfechos, contentos de verle llevar una vida feliz, con amigos y con una buena convivencia familiar. Para nosotros estos eran logros muy importantes.
Pero tenía 13 años, y aunque habíamos conseguido a base de mucho esfuerzo que fuese pasando de un curso a otro, su capacidad de atención no era aún la adecuada y seguía mostrando dificultades.
Le costaba mucho comprender conceptos matemáticos y aplicarlos a diferentes situaciones. Lo mismo le ocurría con el inglés por ejemplo, lo que aprendía un día no le servía para el siguiente ni para un ejercicio que cambiara de planteamiento. Le era difícil recordar, aplicar y generalizar lo que aprendía con esfuerzo. Olvidaba sus deberes o los días que tenía exámenes por lo que no los preparaba. No entregaba sus trabajos y cuando lo hacía no eran de la calidad esperada en cuanto a la presentación y al contenido. Sin embargo, siempre tuvo buena memoria para las asignaturas como las ciencias sociales o naturales, y demostraba claramente ser un chico inteligente y creativo.
Veíamos que seguía habiendo trabajo por hacer, teníamos que seguir intentándolo y apareció la TMR.
Hace de esto casi dos años y en aquel entonces yo no conocía apenas nada de esta terapia ni a nadie que la aplicara. Así que decidí acudir a los cursos para aprender a aplicarla yo misma en mi hijo.
En estos cursos, el doctor Harald Blomberg me impresionó y me convenció absolutamente de que la terapia de movimiento rítmico y reflejos primitivos podía ser la solución a los problemas que aún veíamos en nuestro hijo.
Me puse a trabajar con él casi de inmediato, pero no me atrevía a hacerme ilusiones, siempre me ha dado miedo ser ingenua, ver los resultados que tanto deseo ver, no ser objetiva...
A los cinco meses empezamos a notar cambios en su actitud en casa, parecía ser más limpio y cuidadoso, más paciente y razonable. Ya no rompía las cosas como antes, y parecía mucho más habilidoso con sus manos. Su profesora me decía que le veía adoptar una postura diferente en clase, no sólo en su actitud, sino incluso físicamente. Parecía estar menos aburrido y más a gusto en clase, y la miraba a la cara.
A los siete meses estos cambios se hicieron patentes, la profesora me comentaba que había empezado a participar en las actividades y a hacer preguntas cuando no entendía lo que se explicaba (algo que jamás había hecho antes).
A los diez meses, después de 20 minutos diarios de TMR, dejamos ya definitivamente el tratamiento pues nuestro hijo funcionaba de forma totalmente autónoma en clase y en casa con los deberes. Después de tener siete suspensos en la primera evaluación de 2º de ESO y matemáticas de 1º, aprobó todas las asignaturas en junio.
Ahora estudia todas las tardes y pide a su padre que le ayude con las matemáticas, a las cuales dedica un buen rato casi a diario. Vemos cómo comprende lo que se le explica, lo recuerda al día siguiente y es capaz de aplicarlo en diferentes ejercicios. Sigue teniendo muy buena memoria y está muy motivado a estudiar pues ahora se ve capaz. Ha cambiado el concepto que tiene de sí mismo e incluso ha cambiado en su forma de vestir y su actitud en muchos aspectos.
No creo que estos cambios sean fruto de la casualidad, o de la madurez que "ya le tocaba"... Esta es una edad en la que precisamente muchos de sus compañeros están suspendiendo por primera vez y teniendo problemas de comportamiento en casa o en el colegio. Se quejan otros padres de lo duro que es este curso, pero para nosotros está resultando el más fácil de todos."

sábado 24 de enero de 2009

EL SISTEMA VISUAL EN EL CASO PARTICULAR DEL NIÑO


Publico otro artículo de la optometrista y amiga Rosa M. García Hdez, esta vez de su blog EXPLORANDO EL MUNDO DE LA VISIÓN, donde podéis leer el artículo completo.

Si comprobar que el sistema visual está en pleno rendimiento (sin nada que lo altere) es importante en un adulto, imaginaos lo importante que es en un niño, donde cualquier problema visual puede dificultar su correcto aprendizaje en la lectura o en la escritura, en su coordinación ojo-mano, en su desarrollo motor o en su equilibrio para realizar cualquier deporte, en su percepción, en su integración de la información visual con la de otros sentidos… Todo esto le creará limitaciones sociales que irán en perjuicio de su desarrollo, su personalidad y su carácter.

El niño está en continuo desarrollo y cualquier obstáculo que se le presente durante el mismo (en este caso hablo del desarrollo visual, pero le afectaría cualquiera alteración en cualquier sentido que le aporta una información que debe integrar), puede alterar todo el procesamiento de la información visual:

- la forma de recibir una información,

- la forma de integrar dicha información,

- la forma de procesar esa información,

- o incluso, la forma de responder a la información recibida,

realizando cualquiera de estas acciones DE UN MODO DIFERENTE AL RESTO DE LOS NIÑOS DE SU CLASE; así, cualquier actividad escolar o de su vida diaria (incluso jugar con sus amigos), puede requerir por su parte: más esfuerzo, más tiempo, más energía que le hace estar más cansado, más concentración que le hace perderla con facilidad cuando se cansa de mantenerla, más apoyo de otros sentidos o de otras habilidades que le hace ejecutar ciertas actividades de forma desequilibrada, etc.

Entre 0 y 14 años es muy importante detectar y tratar cualquier alteración visual, ya que en el sistema visual se están produciendo constantes cambios anatómicos y fisiológicos según el niño se va desarrollando, dando lugar a la formación de los patrones visuales y a todas las conexiones neurológicas que afectarán a su futura Percepción. Además, en los primeros años de vida el niño está aprendiendo de todo lo que le rodea y de todo lo que hace, y como escribí en otra entrada anterior, MUCHA de esa información entra a través de los ojos. Un problema visual (SIN SER UN PROBLEMA PATOLÓGICO) puede ocasionar:

- problemas de rendimiento académico,

- problemas de rendimiento deportivo,

- fracaso escolar (a largo plazo),

- y lo que es peor, problemas de autoestima.

Una vez el problema visual ha desaparecido (se ha tratado), estos escolares mejorarán sus notas, estarán más contentos y serán más sociales. Se sentirán más capaces de afrontar retos difíciles de la etapa escolar.

Por eso es tan importante un DIAGNÓSTICO PRECOZ a estas edades; y tanto padres como educadores son los responsables de detectar cualquier mínimo problema que presente el niño en la realización de sus tareas diarias. El niño no se va a quejar porque no sabe lo que es un problema de visión, y piensa que todo el mundo ve como él, y si sus compañeros sacan mejores notas que él o juegan mejor al futbol, él sencillamente se irá formando una opinión negativa de él mismo (“Soy más tonto o más torpe que los demás”), reafirmada muchas veces por el entorno, sin saber que hay “algo” que le impide estar en las mismas condiciones que el resto de sus compañeros de clase o amigos al realizar cualquier actividad.

Uno de cada tres niños en edad escolar sufren algún problema de visión SIN DIAGNOSTICAR, y alrededor del 30% del fracaso escolar está relacionado con anomalías visuales.

En la siguiente entrada os proporcionaré una lista de signos y síntomas que podéis tener en cuenta para detectar si vuestro/a hijo/a o alguno de vuestros alumnos tiene algún problema visual (algunos de los síntomas de esta lista también será válida para los adultos), pero para haceros una idea, cualquier problema en la visión puede acarrear que el niño que:

- no pueda seguir atentamente las explicaciones del profesor en la pizarra si no ve bien de lejos,

- no pueda leer y estudiar con comodidad si ve mal de cerca,

- no pueda entender lo que lee si se tiene que esforzar en leer bien,

- rechazará constantemente ir al colegio,

- su comportamiento será distraído y le costará centrarse en las lecciones o en cualquier actividad que requiera gran atención,

- no le gustará hacer los deberes,

- se sentirá aislado y retrasado paulatinamente del resto de sus compañeros respecto a su aprendizaje,

- por ello, puede volverse introvertido o incluso desarrollar un complejo de inferioridad, muy negativo para su desarrollo como estudiante y como persona.

Muchas veces los padres y los educadores achacan esta actitud negativa a problemas psicosociales, a problemas de lecto-escritura (dislexia) o de hiperactividad, cuando lo más probable es que sólo sea causa de un problema visual sin tratar.

Aunque un niño no haya desarrollado su sistema visual con normalidad, cuanto antes detectemos el problema, antes podremos tratarlo y ayudarle a potenciar su sistema visual, llegando a recuperar su nivel de desarrollo normal para la edad del niño. Esto ocurre porque cuanto más pequeño es el niño, más plástico es su sistema visual, debido a que aunque el órgano visual se desarrolla completamente hasta los 2 años, hasta los 5 años su sistema visual no consigue su funcionalidad completa. Así, si durante ese período su visión tiene cualquier alteración (miopía, astigmatismo, desviación de un ojo, ojo vago, reflejo primitivo sin inhibir,…), el desarrollo no será igual, y si no se trata a tiempo dará lugar a dificultades en su vida diaria. No hay que dejar que pase el tiempo a ver si se soluciona solo, PORQUE NO LO HARÁ, irá a más y puede ser demasiado tarde cuando queramos hacer algo.

También, puede ocurrir que hasta el momento el niño no haya tenido problemas en el colegio y pensemos que su visión está correctamente, y los padres decidan que no necesita una revisión visual HASTA QUE NO MANIFIESTE ALGÚN PROBLEMA EN EL COLEGIO. No hay que esperar a que eso ocurra, una revisión rutinaria no hace mal a nadie y puede evitar que surjan los síntomas y los problemas de rendimiento en el colegio. Puede ocurrir que en los cursos anteriores el niño no tuviera problemas, pero que según se transcurre el nuevo curso, manifieste problemas de rendimiento o malas notas que hasta ahora no tenía. Eso sencillamente puede querer decir que el niño presenta un problema visual latente que hasta ahora no se había manifestado porque la exigencia académica no era lo suficientemente alta como para hacerla patente. Pero al aumentar la demanda académica, al aumentar de curso, un problema visual que parecía controlado, se descontrola, porque por ejemplo, el esfuerzo por entender un texto más complicado puede evidenciar un problema de lectura que antes no parecía que existiera.

Por todo esto, como optometrista, recomiendo que cualquiera de nosotros deberíamos hacernos una revisión visual mínimo una vez al año y SOBRE TODO LOS NIÑOS. Y con “revisión visual” no me refiero sencillamente a ir al oftalmólogo -que también es recomendable para saber si los ojos están sanos-, sino a un optometrista cualificado que pueda evaluar si su sistema visual está preparado para funcionar a pleno rendimiento.

Cualquier alteración visual en niños o adultos, hace que nuestra visión no sea eficaz y en consecuencia nuestro aprendizaje o trabajo tampoco lo sea.

¿QUIÉNES EVALÚAN LA VISIÓN? DIFERENCIAS ENTRE OPTOMETRISTAS Y OFTALMÓLOGOS


Rosa M. García Hdez vuelve a regalarnos un artículo interesante que copio del blog PSICOLOGÍA Y PEDAGOGÍA. Gracias Rosa.


Link to post in English Los profesionales encargados de evaluar todo lo relacionado con la visión son los Oftalmólogos y los Optometristas.

De siempre, entre oftalmólogos y optometristas, en muchas partes del mundo, ha habido “diferencia de opiniones”, como me supongo que hay entre arquitectos y aparejadores o arquitectos técnicos, con la diferencia de que Optometría no es la carrera técnica de Oftalmología, ni el trabajo de los optometristas depende del de los oftalmólogos. Son carreras independientes, con finalidades y campos de evaluación diferentes.

Para muchos oftalmólogos, los optometristas sólo somos los que vendemos las gafas a sus pacientes después de que ellos los gradúan, o los que graduamos cuando los médicos tienen lista de espera muy larga (como en la Seguridad Social en España). Muchos de ellos seguramente siempre nos han considerado “su hermana pequeña” en inferioridad de conocimientos. Y nosotros siempre les hemos considerado los “malos”, porque muchos no respetan nuestro trabajo.

Sencillamente cada uno tenemos modelos de visión diferentes, con conocimientos diferentes. Cada uno abarcamos áreas de la visión distintas, por tanto, todos deberíamos respetarnos unos a otros y no meternos donde no sabemos.

En pocas palabras, los oftalmólogos evalúan la sanidad de la visión y nosotros, los optometristas evaluamos la funcionalidad de la visión.

Me explico:

Oftalmólogos

El oftalmólogo, como médico, está especializado en comprobar si los ojos y la vía visual están sanos. Y en el caso de cualquier enfermedad, recetar el fármaco que sea necesario o practicar una cirugía para conseguir la mejor cura.

Cierto es que ellos también prescriben gafas graduadas. Pero aunque no quiero generalizar, muchos de ellos están el mismo tiempo graduando, que el tiempo que están muchos de mis colegas en las ópticas. Es decir, su única meta es comprobar con qué gafas ve el paciente mejor, sin preocuparse de nada más; como por ejemplo, de si esas gafas le serán cómoda en el día a día, si le producirán otras molestias diferentes, si están cubriendo realmente la molestia inicial del paciente,…

Cierto es también, que hay algunos oftalmólogos que tienen un modelo de visión más amplio, respetan que hay otras formas de analizar la visión más completas y que unas simples gafas no siempre son la cura ante un problema de mala visión o visión incómoda.

Optometristas


El optometrista recibe pequeñas nociones en la Universidad acerca de las posibles patologías que puede sufrir el sistema visual. Pero estamos a años luz de los conocimientos que tiene un oftalmólogo al respecto.

Algunos optometristas, cuando terminan la Universidad, asisten a cursos de especialización donde aprenden más sobre estas patologías, pero mi opinión es que por mucho que puedan aprender en un año de especialización o en pequeños cursos, los oftalmólogos estudian medicina ocular durante 4 años especializándose en ellas. Sus conocimientos patológicos ampliamente nos sobrepasan. Este es su campo y no el nuestro.

Por tanto, un optometrista no es médico y por ello, en España:

- No puede diagnosticar una patología; aunque podamos verla y sepamos que un paciente tiene una catarata, por ejemplo, no podemos decírselo; sencillamente tenemos que remitir a un oftalmólogo, con mayor o menor urgencia según lo que veamos. Muchas veces el óptico o el optometrista puede ser el primero en detectar un problema así, y es su deber saber detectarlo y remitir a un profesional cualificado.

- No puede recetar ninguna medicina: Ningún colirio ni nada que contenga un fármaco. Podemos aconsejar lágrima artificial o complejos vitamínicos o productos homeopáticos.

- No puede instilar en su consulta ningún fármaco, y con ello me refiero a dilatadores de pupila. Eso es competencia de los médicos. A veces si un niño no colabora y no conseguimos que lea un test que le presentamos mientras le hacemos una prueba objetiva - que nos permite sacar la graduación exacta que tiene-, y necesitamos ese dato, instilar dilatadores de pupila puede ser la única forma, en esos casos, de conseguirlo (ya explicaré cómo funciona esto más adelante). Entonces, el paciente deberá ser remitido a un oftalmólogo para que obtenga ese resultado. En algunos estados de EEUU, los optometristas, aún sin ser médicos, pueden usar en consulta los dilatadores.

Bueno, he contado para lo que el optometrista no está preparado o lo que debe o no debe hacer en esas situaciones. Pero ahora voy a contar cuál son nuestras funciones.

El campo de acción de un Optometrista es diferente y muy amplio. Un optometrista puede encontrarse con una “máquina” que físicamente está bien, pero no funciona bien.

Un optometrista es capaz de graduar de forma objetiva y subjetiva a un paciente. Es el profesional que más capacitado está. Mientras que en España, el oftalmólogo estudia 4 años (además de los otros 4 anteriores de medicina general) acerca de patologías oculares y anomalías refractivas y de sus tratamientos médicos (fármacos y cirugías), la parte optométrica la tocan levemente durante esos 4 años y prácticamente se limitan a aprender a graduar, de la forma más sencilla. Pero el optometrista estudia, en los 3 años de carrera, el modo de graduar y tratar un problema de mal funcionamiento visual con diferentes opciones.

Una muestra de que los Optometristas salimos más preparados en este campo que los Oftalmólogos, es la “Carta al Editor” en la revista de la Sociedad Española de Oftalmología, que el oftalmólogo Dr. Colomé Campos publicó en 2005: “La optometría: un reto para el oftalmólogo del siglo XXI” En esta carta hace referencia a un estudio que diseñó él mismo, con el que pretendía evaluar y comparar los conocimientos de refracción de oftalmólogos MIR con estudiantes de Óptica y Optometría de tercer año. Para ello se tenían que presentar a un cuestionario de 40 preguntas tipo test, que abarcaban temas de Optometría, Visión Binocular y Contactología. Resultado: Ningún oftalmólogo se presentó a la prueba. “Únicamente un residente tuvo la delicadeza, desde aquí mi agradecimiento, de excusarse porque su jefe de servicio prohibía la colaboración por encontrar el cuestionario excesivamente difícil.” (Dr. Colomé Campos).

Todos los ópticos-optometristas salimos con los mismos conocimientos impartidos. Pero luego, algunos, como aquellos ópticos de algunas ópticas, cuya única finalidad es vender cuantas más gafas mejor, realizan una graduación visual similar a la que pueda realizar un oftalmólogo, y su tratamiento se limitará a unas gafas o unas lentillas “para ver mejor”. Otros sin embargo, que nos hemos ido especializando más y actualizando los conocimientos con los años, sabemos de forma más amplia cómo funciona la visión y qué puede alterar su funcionamiento; por ello, podemos averiguar a partir de las quejas del paciente, cómo un problema visual puede estar alterando la vida de una persona, qué partes de la visión evaluar para encontrar el problema y hallar el mejor tratamiento al respecto. Muchas, muchas, muchas veces las gafas no son la solución, o no la solución que muchos conocen. Y el optometrista sabe cómo emplear las gafas, las lentes de contacto o los prismas del mejor modo posible para eliminar todas las molestias del paciente y darle otras opciones que le pueden ayudar. No sólo a su falta de visión.

En entradas posteriores iré explicando poco a poco, los tratamientos o soluciones que puede ofrecer un optometrista y cuál es mejor en cada situación. Una de esas posibles soluciones es la Terapia Visual. Este tratamiento es necesario cuando las molestias no se solucionan con unas simples gafas. Estas molestias puede ser producidas por 2 razones:

- porque en el sistema visual de ese paciente se ha producido un desajuste, por cualquier motivo, en el transcurso de su vida. En algún momento se produjo un cambio (p.e. por estrés académico o laboral, divorcio, o separación de padres,…) y empezó a utilizar su sistema visual de manera diferente, de una forma incorrecta; modificó la base creando una errónea, a partir de la cual ha ido desarrollando sus habilidades visuales. Pero como no es la forma correcta, surgen los síntomas y las molestias pasado un tiempo;

- o porque las bases del desarrollo (visual y motor) no se crearon bien desde que era un bebé.

Bueno, quizás esto quede un poco abstracto, pero cuando cuente en otra entrada en qué consiste la Terapia Visual, seguro que lo entendéis mejor. Lo que ahora quiero que entendáis es que en la visión hay más problemas además de ver o no ver el 100% y que de esos problemas nos encargamos los optometristas. Que los “ojos” no funcionen bien te hace que no rindas bien. No sólo tenemos que ver bien, sino que tenemos que procesar bien lo que vemos, y nuestro sistema visual tiene que ser capaz de responder y rendir de la manera más óptima en todas las situaciones en las que nos encontremos. Un optometrista especializado en Terapia Visual puede reeducar el sistema visual para que vuelva a tener unas buenas bases visuales o para instaurarlas desde el principio en el caso de no haberlas tenido antes (estrabismos, ojos vagos, reflejos no inhibidos,…). Puede enseñar al paciente a usar su visión de la forma más óptima para conseguir la mayor calidad y rendimiento en sus tareas visuales cotidianas.

Por tanto, el optometrista posee diferentes opciones de tratamientos alternativos antes de recurrir a la cirugía.

Espero que con toda esta explicación haya quedado un poco más clara la función que tiene cada profesional de la visión.

Por último, me gustaría aprovechar con este post para hacer una reivindicación: un poco de respeto por parte de ambas profesiones. Cada uno tenemos nuestro trabajo, por tanto, no debemos diagnosticar o tratar lo que no sabemos, ni menospreciar ni infravalorar el trabajo cualificado de otros profesionales, si no conocemos el campo que criticamos. Así como los oftalmólogos controlan de patologías y nosotros, los optometristas sólo las “conocemos”, nosotros controlamos del funcionamiento visual y ellos sólo lo “conocen”.

Lo que debemos hacer cada uno es trabajar como mejor sepamos y si ambos colaboramos juntos, el mayor beneficiado será el paciente.

martes 6 de enero de 2009

ESTIMULACIÓN TEMPRANA: UN TÉRMINO CONFUSO


Confuso… realmente. Y es que "estimulación temprana" es un término que podemos encontrar haciendo referencia a cualquier cosa que hagamos con un niño menor de 6 años. Pues una cosa ha quedado clara, la única en la que estamos todos de acuerdo, esto es: que la estimulación es "temprana" porque se practica con niños pequeños.
A partir de aquí ya no nos aclaramos mucho pues parece que pudiera definir TODA acitividad realizada con nuestros niños.

Esto, por supuesto, supone abarcar demasiado y es lo que lleva a tantos equívocos, a tantas dudas y a tantas preguntas… "¿Es estimulación temprana lo que necesita mi hijo?", "Mi hijo ya va a estimulación temprana, con esto es suficiente?", "¿La estimulación temprana no es para niños con problemas?", etc…

Intenté explicarlo en un artículo anterior ("Estimulación temprana y estimulación terapéutica"), pero esta vez voy a concretar un poco más.

Para empezar, como es habitual, lo haré por el principio…

La definición de "estimulación temprana" nos dice lo siguiente: "Estimulación Temprana es toda aquella actividad de contacto o juego con un bebe o niño que propicie, fortalezca y desarrolle adecuada y oportunamente sus potenciales humanos." (mailxmail.com). O, según la wikipedia: "Es el grupo de técnicas educativas especiales empleadas en niños entre el nacimiento y los seis años de vida para corregir trastornos reales o potenciales en su desarrollo, o para estimular capacidades compensadoras."

Otra vez nos encontramos ante la confusión pues la Estimulación Temprana vuelve a serlo TODO.
Pero no TODO o CUALQUIER COSA es lo que buscan los padres, pues cada uno de ellos tiene obejtivos e intereses diferentes en la estimulación para sus hijos. Los niños también son diferentes, y en las definiciones intuimos niños que tienen necesidades especiales y otros que no.

Esto nos lleva forzosamente a distinguir dos objetivos claros en lo que se refiere a la estimulación que marcarán el carácter de la misma:

- estimular a niños sanos para lograr que desarrollen al máximo su potencial
- estimular a niños con dificultades que necesitan remontar retrasos en su desarrollo o solucionar problemas del mismo

Estos objetivos son muy diferentes. Los programas y las técnicas utilizadas para llevar a cabo la estimulación son también DIFERENTES. Por consiguiente, cualquier estimulación NO es válida o suficiente para determinados casos, sobre todo cuando hay un problema que solucionar o paliar.

Podría parecer que baste con aclarar este punto, pero sigue aún habiendo demasiada confusión dentro de estos dos grandes grupos de la estimulación.

- Tomemos el primero, el de la estimulación dirigida a niños SIN problemas del desarrolloLa "estimulación temprana" propiamente dicha.

Ésta es una estimulación que realizamos padres y educadores. Buscamos un desarrollo adecuado en nuestros hijos y alumnos mediante métodos y técnicas elaboradas por profesionales y que conllevan unas actividades estructuradas que se repiten a diario, son breves y variadas. La repetición es esencial para la creación de nuevos circuitos neuronales y para el aprendizaje. La brevedad y la rapidez en la realización de la actividad son vitales para el mantenimiento de la atención en el niño pequeño, (también influyen en su aprendizaje). Y todo esto lo procuramos hacer de la forma más lúdica posible. La estimulación debe ser multisensorial por lo que se procura utilizar actividades que estimulen las vías visuales, auditivas, táctiles y el movimiento principalmente. Se intentan abrir nuevos intereses en el niño poniéndole en contacto con cosas que habitualmente no están presentes en su entorno y también aprovechamos su gran ansia de aprender y su curiosidad por todo.

Sé que esto vuelve a resultar un concepto muy "amplio". Es cierto, y en la estimulación temprana cabe todo tipo de actividad que agrade al niño. Pero suele cometerse el error de decir que se hace estimulación temprana cuando simplemente se juega con el niño. Jugar es maravilloso y algo totalmente necesario. El problema es que muchos padres aplican su propio método o acuden con sus hijos a centros donde hacen puzzles, juegan con el ordenador, realizan alguna actividad de motricidad… todo ello sin una estructura y de forma libre… y creen que esto es "estimulación temprana". Bueno, esto es estimular a un niño, no cabe duda, pero habría que aplicarle otro nombre como el ya mencionado: "jugar", o quizá también en ocasiones "enseñar", "aprender", "experimentar"... Si no hay una repetición mínima y continuada, si las actividades no están estructuradas, hay que llamarlas de otra forma, porque NO es "estimulación temprana".

- Ahora volvamos al grupo de niños con necesidades especiales… Aquí también tiende a llamarse "estimulación temprana" a lo que no lo es en realidad. Decíamos que la estimulación temprana ayuda al niño a desarrollarse plenamente y por esto es muy beneficiosa para todos los niños sin excepción. Por esto también lo es para niños con dificultades. Sí, la estimulación temprana puede ser muy beneficiosa y necesaria para estos niños y sobre todo como prevención en la aparición de problemas en niños de riesgo. La estimulación temprana puede ser realmente vital y se hace totalmente necesaria en estos casos.

Pero… el término "estimulación temprana" sólo contribuye a agregar más confusión cuando la utilizamos para casos de niños con problemas del desarrollo. No debería utilizarse este término pues hay otros que son mucho más específicos. Por ejemplo: "atención temprana", que hace referencia a todas las intervenciones que se realizan con niños menores de seis años como respuesta a trastornos en el desarrollo.

Desde las terapias alternativas y la neuropsicología, se utilizan términos como "estimulación cerebral", "organización neurológica", etc… Con estos términos no quiero crear más confusión aún. Estos términos hacen todos referencia a una misma cosa: a un programa parecido al de la estimulación temprana, pero diseñado exclusivamente para un niño en función de sus necesidades concretas y aplicado de una forma intensiva. Esto debe realizarlo un profesional tras una exhaustiva evaluación del nivel de desarrollo del niño en todas sus áreas. Es una estimulación estructurada que se realizará de forma repetida y diaria durante un tiempo determinado. Puede llevarse a cabo en un centro por terapeutas, o pueden hacerlo los padres en sus casas y acudir al centro para los controles de evaluación y modificaciones necesarias en el programa.

En este caso no estamos hablando simplemente de "estimulación temprana", sino de mucho más, y por esto pienso que no debe utilizarse este término. Estamos haciendo referencia a TERAPIAS, a TRATAMIENTOS. Y entre éstos y la estimulación que busca un adecuado desarrollo en el niño sano hay mucha DIFERENCIA.

Conclusión. Desde mi punto de vista, ESTIMULACIÓN TEMPRANA es lo siguiente:

- actividades que estimulan el desarrollo en el niño sano
- actividades que estimulan el desarrollo y previenen problemas del mismo en niños de riesgo

Para los casos en los que existan problemas del desarrollo, debería considerarse seriamente utilizar otro término más relacionado con una terapia o tratamiento, esto NO lo es, en principio, la "estimulación temprana".

Rosina Uriarte