jueves, 2 de noviembre de 2017

NATASHA CAMPBELL, LA NEURÓLOGA QUE SANÓ A SU HIJO AUTISTA A TRAVÉS DE LA ALIMENTACIÓN


NATASHA CAMPBELL, la neuróloga que sanó a su hijo autista a través de la alimentación

¿Una dieta para enfermedades neurológicas? !Sí! la dieta GAPS de Natasha Campbell es efectiva debido los cambios que se producen cuando sanas tu microbiota intestinal. 

En “El síndrome del intestino y la psicología GAPS”, la doctora Natasha Campbell explica que todas las enfermedades se originan en el intestino.

Hasta las enfermedades neurológicas se pueden tratar con alimentación

En su libro “El síndrome del intestino y la psicología GAPS”, la doctora Natasha Campbell-McBride, especialista en neurología y neurocirugía, explica que todas las enfermedades se originan en el intestino. Lo más sorprendente de su teoría, es que ha sido probada con éxito en su propio hijo.
La doctora, observó que el 100% de las madres de niños autistas tenían una flora intestinal anormal.
Con una alimentación rica en alimentos probióticos y eliminando cereales, azúcares y comida procesada de la dieta, consiguió que su hijo, diagnosticado con autismo, se recuperara por completo, y además, sin recurrir a ningún tipo de medicamentos.
Hoy, más de 20 años después de sanar a su hijo trata, sólo con alimentación, a niños y adultos con autismo, discapacidades de aprendizaje, trastornos neurológicos, trastornos psiquiátricos, trastornos inmunológicos y problemas digestivos.

Médicos y otros profesionales de la salud se especializan en su clínica para aplicar su método

Actualmente Natasha tiene una clínica en Cambridge, Inglaterra, donde tuvimos la enorme suerte de formarnos con ella y contrastar con otros colegas resultados. Su método funciona y no sólo para enfermedades de espectro autista.
En 1984, cuando se graduó de la escuela de medicina, el autismo era un trastorno extremadamente raro, con un prevalencia de aproximadamente 1 caso de 10,000.
De hecho, el primer caso de autismo con el que se encontró fue con el de su propio hijo. Pero de unos años hasta ahora, la proporción de casos ha aumentado alarmantemente.
El tratamiento temprano, es clave a la hora de evitar que los síntomas se asienten.

El cerebro va desde la cabeza hasta el intestino

Y es que no sólo tenemos neuronas en el cerebro,  por extraño que parezca, también las tenemos en nuestro intestino. Algunas de estas neuronas intestinales producen serotonina, un neurotransmisor que también producen las neuronas del cerebro.
En realidad tenemos dos sistemas nerviosos, el central, formado por el cerebro y la médula espinal, y el entérico, que es el sistema nervioso del tracto gastrointestinal. Ambos se desarrollan a partir del mismo tipo de tejido fetal y permanecen conectados entre sí por el nervio vago.

En un recuento celular tendrías más células bacterianas que humanas, sí, eres más bicho que ser humano

Los seres humanos, al igual que los animales y las plantas, vivimos en una estrecha asociación con los microbios, en una relación de simbiosis de la que ambos nos beneficiamos.
Aunque resulte increíble, por cada célula que forma nuestro organismo, tenemos 10 bacterias viviendo en nuestro interior.
De hecho, el 90% del material genético en nuestro  cuerpo no es nuestro, sino de las bacterias, hongos, virus y otros microorganismos que componen esta microflora.
Aproximadamente, 100 billones de bacterias benéficas habitan nuestro cuerpo desde el instante en que nacemos.

 No cuidamos lo suficiente a nuestros habitantes

Pero nuestra alimentación actual, tiende a dañar esta microflora: Los antibióticos, el agua clorada y fluorada, los pesticidas y herbicidas usados en la agricultura, la polución y los jabones antibacterianos.
Y por supuesto, el exceso de alimentos procesados, cereales y azúcares, destruye las bacterias benéficas y promueve el crecimiento de bacterias patógenas y hongos como la Candida sp.

Microbios y la salud de nuestro cerebro, corazón, piel…

La mayoría todavía no somos conscientes de que la microflora intestinal no sólo influencia la digestión, sino que la influencia se extiende al cerebro, corazón, piel, estado de ánimo, peso e incluso la expresión genética.
Nuestra microbiota es esencial tanto para el bienestar físico y emocional, así como para evitar las enfermedades crónicas.
Un desequilibrio en la flora intestinal (mayor cantidad de bacterias patógenas que benéficas) puede tener un impacto negativo en la salud cerebral y originar patologías como la ansiedad y la depresión.
Las “bacterias amigas” del intestino son capaces de modificar la producción de neurotransmisores, por lo que podrían ser clave para resolver diferentes trastornos tanto de comportamiento, de aprendizaje o emocionales, como la Deficiencia de Atención con Hiperactividad (ADHD o TDHA) y el autismo en niños, la depresión o trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia.

El tratamiento temprano es la clave del éxito de la dieta GAPS

El sistema digestivo: fuente de alimento o de toxicidad

La Dra. Campbell está convencida de que los niños autistas en realidad nacen con cerebros y órganos sensoriales normales, pero con una microbiota alterada debido a la salud y alimentación de los progenitores.
Como hemos visto, la flora intestinal es una parte sumamente importante de la fisiología humana. Y en estos niños, su sistema digestivo- en lugar de ser la fuente de alimento – se convierte en la principal fuente de toxicidad.
Estos microbios patógenos que se encuentran dentro del tracto digestivo dañan la integridad de la pared intestinal. Por lo que toda clase de toxinas y microbios van directo al torrente sanguíneo del niño y posteriormente llegan al cerebro.
Por lo general, eso sucede al segundo año de vida de los niños que fueron amamantados, ya que la lactancia materna brinda una protección en contra de la flora intestinal anormal.
Los niños que no fueron amamantados, desarrollan los síntomas de autismo durante el primer año de vida.

¿Cómo enferma la toxicidad del intestino al cerebro?

Los niños utilizan todos sus órganos sensoriales para recopilar información sobre su entorno, información que posteriormente pasa al cerebro para ser procesada.
Esta es una parte fundamental del aprendizaje. Pero  en el caso de los niñosGAPS (que presentan lo que la Dra. Campbell ha llamado el Síndrome del intestino y la psicología), la toxicidad fluye desde su intestino, pasando por todo su cuerpo hasta llegar al cerebro, lo que impide que realice sus funciones normales y que procese la información sensorial.
El GAPS podría manifestarse como un conglomerado de síntomas, tales como autismo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno por déficit de atención (TDA), dislexia, dispraxia o trastorno obsesivo- compulsivo, solo por mencionar algunas posibilidades.

¿Cuándo aparecen los primeros síntomas?

Mientras el bebé es amamantado, a pesar del hecho de que adquiere la flora intestinal anormal de la madre, existe algún tipo de protección. Pero en cuento se deje de amamantar al bebé esa protección deja de existir.
Es en ese momento cuando florecen todas las anormalidades de la flora intestinal y el niño comienza a desarrollar autismo, TDAH, TDA o cualquier otro problema de aprendizaje o discapacidad física como la diabetes tipo 1, por ejemplo, enfermedad celíaca u otras enfermedades autoinmunes…el asma, eczema y otros problemas físicos.

¿Por qué cada vez hay más casos de trastornos neurológicos?

Esta epidemia de alteraciones en la flora intestinal, comienza en la Segunda Guerra Mundial, con el descubrimiento de los antibióticos. Los antibióticos de amplio espectro acaban con las especies de microbios benéficas en el intestino, lo cual permite que los patógenos se muevan por el intestino sin control.
En las personas que recibieron varias dosis de antibióticos durante la niñez, las anormalidades en su flora intestinal son más intensas.
Los antibióticos, durante la década de los cincuenta y sesenta, eran prescritos por un simple estornudo. Y no sólo eso, también se comienza a extender el uso de la pastilla anticonceptiva, que tiene efectos devastadores en la flora intestinal.
El bebé, adquiere su flora intestinal al pasar por el  canal del parto de la madre. Así que lo que sea que vive en el canal de parto de la madre se convierte en la flora intestinal del bebé.
La flora vaginal de la madre, a su vez, viene desde el intestino. Así que si la madre tiene una flora intestinal anormal, tendrá flora anormal en el canal de parto.
Por ello, a la hora del diagnóstico, es también importante el historial de salud de la madre, el padre e incluso de los abuelos del niño.  

Las vacunas influyen, sí

También la vacunación es crucial a la hora de determinar estas futuras patologías, puesto que el sistema inmunológico de los niños con GAPS no es el mismo sistema inmunológico que el de un niño con una flora intestinal sana, por lo que la vacunación puede ser la gota que colme el vaso, en este tipo de casos y el desencadenante de las patologías.

Desastre intestinal

Recapitulando, la alimentación a base de biberón junto con el uso excesivo de antibióticos y pastillas anticonceptivas sientan las bases para una flora intestinal cada vez más anormal con el paso de cada generación.
Y sumado a eso una alimentación a base de comida basura y el consumo excesivo de azúcares, que alimentan los patógenos de nuestro intestino, tienen como resultado da un desastre total en términos de salud intestinal.
Desafortunadamente, todos los factores que crean una flora intestinal anormal se están volviendo más y más frecuentes en todo el mundo.
Esto significa que la siguiente generación de mujeres jóvenes que tengan hijos tendrá una flora intestinal más dañada que la de sus madres, así que la proporción de  niños que nacen con GAPS predispuestos a desarrollar autismo será aún mayor.

Cómo identificar un cuadro GAPS (síndrome psiconeurointestinal)

  • Recolectando todo el historial clínico de los padres para de esa manera poder evaluar la salud del intestino.
  • Analizando el material fecal del bebé para determinar el estado de su flora intestinal
  • Análisis de orina para detectar los metabolitos, que puede dar una idea del estado del sistema inmunológico del niño.
  • Si el niño tiene una flora intestinal anormal podemos asumir que tienen una inmunidad comprometida por lo que en principio, no deberían ser vacunados.
Con el simple hecho de modificar el proceso de diagnóstico temprano se podría reducir dramáticamente el riesgo de que el niño desarrolle una enfermedad en el espectro autista.

Protocolo nutricional GAPS

Se tarda una media de dos años en expulsar los patógenos del intestino, restablecer la flora intestinal  y hacer que el intestino vuelva a estar fuerte en lugar de ser la fuente de los problemas.
El protocolo nutricional para restaurar la salud se basa en:
  • La alimentación GAPS consiste en tomar alimentos fácilmente digeribles, naturales, no procesados industrialmente.
  • Suplementos alimenticios, incluyendo los probióticos y las vitaminas D y A en forma de aceites omega-3. Dado que en el intestino se concentra el 80% del sistema inmune, repoblar el intestino con probióticos puede resolver muchas patologías, especialmente las enfermedades autoinmunes tan extendidas hoy en día como alergias, asma, psoriasis…
  • La exposición al sol también es una parte importante para los pacientes con GAPS, para una producción apropiada de vitamina D.
  • Desintoxicación: El protocolo nutricional GAPS eliminará las toxinas de manera natural. La Dra. Campbell no utiliza ningún tipo de medicamento o sustancia química para eliminar las toxinas. En lugar de eso, recomienda tomar licuados y bebidas naturales, sal de mar, polvo de algas marinas, vinagre de sidra de manzana, bicarbonato de sodio y aceites.

Pruébalo tú mismo…

En su libro “El síndrome del intestino y la psicología GAPS” vienen todos los detalles de su investigación y su método y si tienes cualquier pregunta estaremos encantados de contarte nuestra experiencia, estamos certificados como GAPS practitioners, si quieres encontrar un profesional de la salud certificado en GAPS, tienes un listado aquí.